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domingo, 9 de julio de 2017

Plaquette Polaroid



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Mini Publicación de una selección de minitextos que se iban sucediendo por esos días allí


Vínculo:



https://cuadernohipertextual.files.wordpress.com/2013/11/cabrolpdf.pdf







Esta tormenta es de acá, 

               su electricidad

              sus vibraciones



Esa forma de sacudir las cosas 

hasta lo profundo de lo oscuro

  hasta los huesos de los besos



Una noche a la intemperie 

               en la barca añosa

 cuya piel es acechada aún

        por tanta furia celeste

viernes, 7 de julio de 2017

Ramas de otoño


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Para que despiertes. Para que recuperes tus contornos y devuelvas las frutas de tu piel a lo ambiguo del mundo cierro mis ojos estivales con toda la fuerza en medio del más espeso silencio. Y aunque así de pétreos los deje, dentro de ese mínimo escenario se funda otro cosmos que te reclama; allí comienzas a surgir por partes con todo el ímpetu que te conozco. Una leve mancha morada aparece desde la izquierda y se une a dos puntos que deambulaban sin brújula en ese mundo húmedo, no del todo ciego.


¿Siguen tus pliegues reflejando mis insomnios en ese ángulo imposible?

Para que arranques de la bruma tu cara de india dormida y reverberes mieles de mariposa negra me acoplo a la magia de piedras y arena en madrugada. Cenizas verticales en el entrecejo. Huellas de pies descalzos a lo largo de la costa curva hasta el cañaveral tupido. Mapas aéreos. Bocetos de perfume pegajoso. Beberte en las cuencas que te dejan después de la lluvia. Recordarte al azar en medio de la danza.

¿Todavía tiemblan tus piernas en pleno enero?

Para que tu voz tajee la quietud de la madrugada y tus pies ariscos revuelvan sus dedos en el aire, flecos de músculos por el espasmo nítido. Vertirse por tus vértices de asombro. Inflar el pecho con el volumen de tu aroma. Retemblar con las piernas enredadas cuando la quietud te habita por completo.

¿Cómo decías a esa hora urgente? ¿Recuerdas la frase exacta?

Abro los ojos aún en lo oscuro para desagotar las gárgolas sedientas crecidas en ese submundo. Un descalabro de plumas y escamas desordena hasta el último rincón del cuarto, donde los pájaros que entonces nos miraban urdieron sus nidos definitivos y a esta hora me despiertan con su canto estrepitoso pidiéndome que te recuerde durante ese ritual por enésima madrugada. Para que despiertes y devuelvas las sombras de sus ramas.


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lunes, 3 de julio de 2017

L u c e s


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Albricias de domingo.
Colores del horizonte
animan formas al paisaje.
Inflan el ímpetu de la mirada.


Las ramas se recortan de nuevo.
Todo existe, empieza otra vez
después de la noche.

Las palabras vuelven a lo que nombran
y lo nombrado viaja a un nuevo 
sitio o regresa al de siempre.

En todo caso: luces.
Luces ocurriendo.
Luces soplando sobre cada
elemento como tu esencia luces.


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viernes, 30 de junio de 2017

Segundo tropiezo


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Acordarse de algo. Buscar el libro.

Hojear unos minutos hasta que

una hoja cae al suelo.



Amarilla. Arrugada. Apenas entera

con la estampa del categórico tiempo.

Pero todavía el mensaje escrito a mano

también conservaba el ímpetu de su momento.



Acordarse de algo que nada tenía que ver

con el mensaje hallado

y sin embargo.



Asomar la cabeza a un extraño laberinto

para cortarse y sangrar dulcemente

con esquirlas de un instante

i n t e r m i n a b l e.

martes, 27 de junio de 2017

C a s a IV



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Cada olor con que la piel

es recibida en esta luz.

Arma sus arneses

emotivos.



Suda sueños que con los años

mancha sus paredes.



¿Cómo se llama esta luz que la colma?

Aquí solo hay hoy.



A veces parches grises

dispersos en las gradas.



Camino de hormigas en el césped

entonces somos dos:

mi sombra y tu ausencia.



Fuga. Fuego. Lente. Hiato,

Matriz alterna. Magma.

Lejos agujero solo.



Algún par más de hebras de retazos

tejen textos al ritmo del tiempo

atravesando la casa.


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lunes, 19 de junio de 2017

de ida



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le abren la puerta en silencio:

negro sobre verde;

tres relámpagos

azotan su mirada al suelo

donde lee signos del próximo paso




con un breve golpe seco

la puerta se cierra

definitivamente




ya la piel

no es una frontera

respira y le invade la más

poderosa sensación de intemperie



una lágrima más tarde

prende una vela por si acaso

y vuelve a rumiar todas las palabras

que jamás traspusieron el umbral de sus labios



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jueves, 15 de junio de 2017

tránsitos


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...texto nonato, blancura de raíces pintando entre la noche del suelo, perfume de humus húmedo...cada respiración borra los márgenes del párrafo, pronto son otra cristalización efímera, perdida entrelonegrodelcielo

...camina sin apuro ni demoras a campo traviesa, a esa hora la temprana primavera ha despertado rumores nuevos rumbo a su arroyo de infancia; van desprendiéndose imágenes de ese árbol de manzanas crecido en la memoria...

...el borrador se orea dentro del morral, entre guijarros; su susurro, su sucinta sucesión de cesiones y cesuras repta; su ceder sucede; su canción contiene un mechón de alazán salvaje que como no recuerda la letra, pero tararea melodías...

...gestación de texto en plena pleuraplacenta mientras transita el espejismo de la noche; tras los párpados se mecen corpúsculos morados llevados por el viento al futuro sedimento del renglón. la respiración curva los sonidos de una palabra, otra se diluye a la altura del horizonte...

...alguna vez será texto este paseo descalzo de mudez, este deambular diáfano durante el reposo del mundo; palabras, oraciones y párrafos se irán enlazando como los pájaros componen figuras en el cielo en las tardes de verano...

lunes, 12 de junio de 2017

Ceguera



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Rikki Kasso  (Sleeping alone) 


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Inmóvil

le das el perfume de tu piel

a la profundidad oscura de la noche.




El silencio de ahí dentro

sigue a pasos de caracol

lo errante de un viejo vagabundo

bajo la lluvia.




Abro los ojos

sin que ninguna luz

calme la sed.



Dormida. Desnuda. Diminutainmensa.




La piel agita impulsos

donde deseos y recuerdos

se enredan bajo la rueda de un paz de azúcar.



En tal penumbra

gotean murmullos del sueño

y persisten rebotes del temblor

de un pájaro ciego condenado

a la eterna suspensión

en la jaula de un pecho.


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sábado, 3 de junio de 2017

Jorge Fernández Díaz, texto perteneciente a "La Hermandad del Honor"




Tenía veinticuatro años, volaba a ras del mar y estaba a punto de bombardear un destructor y una fragata misilística.
Le decían Piano porque se llamaba Guillermo Dellepiane, y era alférez en una fuerza que no tenía héroes ni próceres porque jamás había entrado en combate. Se trataba de la primera misión de su vida y acababa de despegar de Río Gallegos. Su padre se había muerto sin poder cumplir el sueño de realizar en el terreno de la realidad lo que a lo largo de toda su carrera había simulado hacer: la guerra del aire.
Tan inquietante como entrar en batalla debe de resultar el hecho de consagrar una vida a un acontecimiento que no ocurrirá. Guerreros de la teoría y el entrenamiento, muchos cazadores se reciben, se desarrollan y se retiran sin haber cazado jamás una presa verdadera. El padre de Piano , cerca de la jubilación, había muerto hacía dos años en un accidente absurdo, cuando se derrumbó un ala del edificio Cóndor. Volando hacia el blanco en un A-4B Skyhawk, el hijo venía a cumplir ahora la escena deseada y urdida por el fantasma de su padre.
Para Piano , era una misión iniciática, la última lección de un profesional de la guerra: la guerra misma. Hasta entonces todo habían sido aprendizajes y pruebas. Alférez es el primer escalafón de los oficiales, y Dellepiane ni siquiera había experimentado el reabastecimiento en vuelo, una compleja operación que en este caso consistía en acercarse volando a un Hércules, encajar la lanza de la trompa del A-4B en la canasta de combustible y cargar tanques para seguir viaje. Muchos fallaban en ese intento: se ponían nerviosos y no podían meter la lanza. "Mirá si yo no puedo, es una vergüenza", se decía. Estaba más preocupado por ese bochorno que por la muerte. Pero cuando tuvo al Hércules frente a frente no falló, y rápidamente se unió a su jefe, un primer teniente, que ordenó bajar a menos de quince metros de las olas y avanzar a toda máquina. Volaban tan bajo que dejaban estelas en el mar.Era el 12 de mayo de 1982 y una escuadrilla de ocho aviones argentinos avanzaba en silencio de radio hacia dos barcos británicos. Los cuatro primeros iban adelante y dispararían primero. Los cuatro halcones de atrás, a una distancia prudencial, tendrían una segunda oportunidad o entrarían a rematarlos.

Evadiendo misiles

Con el alma en vilo escucharon que, cinco minutos antes de llegar al blanco, los primeros cuatro aviones atacaban. En el horizonte no se veía nada pero Piano se dio cuenta en seguida de que a sus compañeros no les había ido muy bien. En dos minutos supieron que tres aviones habían sido alcanzados por la artillería antiaérea y que habían sido derribados en medio de hongos de fuego y estampidos de agua. El cuarto avión regresaba por las suyas. El sol volvía espléndido un día negro. Negrísimo. Piano vio de repente los buques enemigos. Eran efectivamente dos y les estaban disparando. En ese momento no pensaba en la patria ni en Dios, sólo veía con una cierta incredulidad esa película fantástica y en technicolor. La veía como si él no fuera parte de ella. Era un espectáculo corto y alucinante pero sin ruidos, porque en la cabina no se oía nada. Fueron fracciones de segundos: Piano contuvo el aliento verificando la velocidad y la altura, y en el momento exacto en el que pasaba por encima de uno de los dos barcos, mientras recibía y eludía disparos de todo tipo, apretó el botón y soltó una bomba de mil libras.
Las bombas impactaron en el destructor y le abrieron agujeros horribles y definitivos. Quedó fuera de servicio, pero eso Piano lo supo mucho después porque en ese instante lo único que pudo hacer fue salir rápido de la ratonera evadiendo misiles y huyendo a toda velocidad. Cuando una escuadrilla dispara, los aviones se dispersan y cada uno regresa como puede. El joven alférez se sintió solo unos minutos pero de pronto divisó la nave de su jefe y la alcanzó. No podían hablarse, porque las navegaciones aéreas eran en silencio, pero volaban juntos, como hermanos, a una distancia de doscientos metros uno del otro, con el infierno atrás y el continente adelante. Habían cumplido y volvían con la gloria; era una extraña y grata sensación.
Hasta que de repente un proyectil rasante surgido de la niebla pegó en un alerón del avión del primer teniente. Fue un golpe mortal a velocidad infinita que le hizo dar una vuelta de campana, pegarse contra la superficie del océano y explotar en mil pedazos. Todo en un pestañeo de ojos. Piano lo vio sin poder creerlo pero sin dejar de apretar el acelerador. Descendió todavía más y prácticamente aró el mar con un gusto metálico en la boca. Dependía emocionalmente de su jefe. Había bajado por un momento la guardia, pensando "me va a llevar a casa", pero ahora estaba solo y desesperado. Ahora dependía únicamente de su propia pericia, o de su suerte.
Voló un rato de esa manera, huyendo del diablo, y luego, cuando estuvo seguro de que no lo seguían, avisó al Hércules C-130, que los cazadores le llaman "La Chancha", e inició el ascenso. "La Chancha" puso la canasta y sin perder el pulso el joven alférez empujó la lanza y recargó combustible. Después voló el último tramo casi a ciegas: el mar había formado una gruesa capa de salitre en el parabrisas del avión.
El salitre de la desolación le nublaba a Piano los ojos. Lo más duro era entrar en la habitación de un compañero muerto, juntar su ropa, hacer su valija y dejarla en el vestíbulo del hotel donde pernoctaba su escuadrón. Ese ritual lo esperaba en Río Gallegos al final de aquel día en el que finalmente había tenido su bautismo de fuego en el Atlántico Sur. Los dioses, como decía la vieja sentencia griega, castigan a los hombres cumpliéndoles los sueños.
En los años sucesivos sólo recordaría esa primera misión. Y la última. En el medio únicamente quedaban vuelos de reconocimiento, incursiones en la zona del Fitz Roy, nervios terribles y más caídos y duelos. También el ánimo de los mecánicos, que siempre despedían a los pilotos de combate con banderas y aclamaciones, y el regreso de la base al hotel que, con éxito o sin éxito, con muertos o sin ellos, hacían en un jeep o en una camioneta Ford F100 cantando canciones contra los ingleses.
No tenían, por supuesto, la menor idea de cómo iba la guerra. Y cuando los trasladaron a San Julián sufrieron cierta tristeza: ocuparon una hostería y anduvieron por esa pequeña ciudad en estado de alerta total.
No eran muy supersticiosos, pero tenían cábalas y de hecho no se sacaban fotos entre ellos porque creían instintivamente que eternizarse en esas imágenes significaba un pasaje directo hacia la desgracia.
Nada pensaron, sin embargo, de aquella misión en día 13: estaba nublado y frío, y a Piano y a sus compañeros les ordenaron partir hacia las islas. Decían que los ingleses habían desembarcado y que se luchaba cuerpo a cuerpo en tierra. Los A-4B llevaban bombas, cohetes y cañones. Piano estaba, como siempre, ansioso. Aunque esa ansiedad solía terminarse cuando lo ataban en la cabina y había que salir al ruedo. Los nervios entonces desaparecían, como el torero que siente un nudo en el estómago hasta que baja a la arena y enfrenta con su capote al toro.
Pero el despegue no fue tan fácil. Se rompieron unos caños de líquido hidráulico y hubo que buscar a mil quinientos metros un avión gemelo. Al alférez lo desesperaba que su escuadrilla partiera sin él, de manera que se subió al otro A-4B y empezó el rodaje sin cargar el sistema Omega, que permitía coordinar y volar con precisión. Piano no quería quedarse en San Julián, y como los suyos ya se habían marchado llamó al jefe de la segunda escuadrilla y le pidió permiso para plegarse a su grupo. Le dieron el visto bueno y despegó sin tener bien configurado el avión. Ascendió y buscó entre las nubes el rumbo, y encontró en un momento al Hércules, que llevaba doce hombres y tenía la orden de no entrar en la zona de la batalla ni quedar al alcance de los misiles enemigos por ningún motivo.
Cargó combustible y siguió a su guía por el norte de las islas Malvinas, luego tomó dirección Este a vuelo rasante y hacia el Sur bajo chaparrones. Y se sorprendió al escuchar que el operador de radar de las islas preguntó si había aviones en vuelo. El jefe de la formación le respondió con un pedido, que les proporcionaran las posiciones de las patrullas de Sea Harriers.
Cuando llegó el informe verbal los pilotos argentinos sintieron un escalofrío. Había cuatro patrullas en el aire y una quinta al norte del estrecho de San Carlos. El cielo estaba infestado de aviones ingleses. Era una trampa mortal, y la lógica indicaba regresar de inmediato al continente.
Pero ya estaban a cinco minutos del objetivo y el día se había despejado, y entonces el guía tomó la resolución de seguir. Después descubrirían que estaban atacando un enorme vivac armado por los ingleses en Monte Dos Hermanas. Más de dos manzanas con carpas, containers y helicópteros, un campamento desde donde dirigía la guerra el general Jeremy Moore.
Todo ocurría en el término de minutos. Los A-4B iban a ochocientos kilómetros por hora y a veinte metros de distancia entre unos y otros. Los pilotos temían que una fragata misilística les cortara el paso antes de llegar al blanco. No llevaban armamento para atacar un buque; las bombas tenían espoletas para objetivos terrestres. Por la gran movilización de helicópteros de esa zona los generales de Puerto Argentino habían conjeturado que allí podía estar el mismísimo centro de operaciones de los británicos. Y no se equivocaban.
Las cartas de vuelo decían que el ataque debía hacerse a las 12.15. Y faltaban dos minutos. Los cazadores pasaron por encima de la bahía San Luis y el operador del radar de Malvinas les advirtió que los Harriers los habían detectado y que ya convergían sobre ellos. Cuando faltaban un minuto y veinte segundos la escuadrilla casi despeinó a un soldado inglés que subía una loma. Ahora los aviones, en la corrida final, volaban pegados al suelo. Más allá de la elevación apareció el campamento. Y Jeremy Moore evacuó su carpa un minuto antes de que le cayeran los obuses.
Dellepiane lanzó sus tres bombas de 250 kilos, provocó destrozos, y percibió que les tiraban con todo lo que tenían. Desde misiles y artillería antiaérea hasta con armas de mano. Era un festival de fuegos artificiales. Y casi todos los pilotos se desprendieron de los tanques de reserva y de los portamisiles e hicieron una curva para regresar por el Norte, cada uno librado a su inteligencia.
Piano voló haciendo maniobras de elusión y acrobacias, y sintió impactos en el fuselaje. Era otra vez un espectáculo increíble y aterrador. A la altura de Monte Kent se topó con un helicóptero Sea King en pleno vuelo y le disparó. Salieron dos proyectiles y se le trabó el cañón, pero una bala pegó en las palas y obligó al piloto inglés a un aterrizaje de emergencia.
Enseguida, por la izquierda, vio que pasaban dos bolas de fuego que iban directamente hacia el avión de su teniente, así que le gritó por la radio "Cierre por derecha" y siguió virando hasta ver que los misiles pasaban de largo y se perdían. Más adelante se topó con otro Sea King y volvió a intentar dispararle, pero también fue en vano: el cañón no se destrababa. Así que en el último instante levantó el Skyhawk y pasó a centímetros de las aspas del helicóptero para evitar que el piloto de casco verde lo liquidara con su gatillo.
Fue más o menos en ese instante cuando se dio cuenta de que estaba sucediendo algo inesperado: se estaba quedando sin combustible. Un proyectil le había perforado el tanque, y tenía sólo 2000 libras. Precisaba más del doble para alcanzar la posición de "La Chancha". Pero no pensaba en ese momento crucial en llegar a ningún lado sino en escapar del acoso de los Harriers. Se desprendió entonces de los portamisiles y siguió volando un trecho pidiéndole al radar de Malvinas que le dijera, sin tecnicismos y con precisión, dónde estaban sus verdugos. Los Harriers volaban a una distancia considerable, así que ya sobre el norte del estrecho San Carlos dudó sobre si debía eyectarse en la isla o tratar de llegar al Hércules. Sus maestros, en las lecciones teóricas, le habían recomendado siempre que en una situación semejante intentara regresar. Eyectarse significaba perder el avión y caer prisionero. Cruzar significaba enfrentar el riesgo de no lograrlo y terminar en el mar. Si caía no podría sobrevivir más de quince minutos en las aguas heladas, y no había posibilidades operativas de que ninguna nave pudiera rescatarlo a tiempo.
Sus compañeros, por radio, trataban de darle consejos y sacarlo del dilema. Pero su jefe tronó: "Déjenlo a Piano que decida". Y entonces Piano decidió. Salió a alta mar, se puso en la frecuencia del Hércules y comenzó a conversar con el piloto que lo comandaba. Dos hombres hicieron ese día caso omiso a las órdenes de los altos mandos: el piloto de "La Chancha" salió de su posición de protección, entró en la zona de peligro y avanzó a toda máquina al encuentro del A-4B de Piano , y un oficial de San Julián tuvo un arrebato, se subió a un helicóptero y se metió doscientas millas en el mar a buscarlo, un vuelo completamente irregular y arriesgado que no ayudaba pero que mostró el coraje suicida del piloto y la desesperación con que se seguía en tierra la suerte de aquel cazador herido de combustible que intentaba volver a casa.
El alférez escuchó "Vamos a buscarte" y trató de mantener el optimismo, pero el liquidómetro le indicaba a cada rato que no conseguiría salir vivo de aquel último viaje. "¿A qué distancia están?" -preguntaba cada tres minutos-. "¿A qué distancia están?" La radio se llenaba de voces: "Dale, pendejo, con fe, con fe que llegás". El alférez sacaba cuentas sobre la cantidad de combustible, que se extinguía dramáticamente, y pronosticaba que se vendría abajo. Y sus oyentes redoblaban los gritos de aliento: "¡Tranquilo, pibe, con eso te alcanza y sobra!" Sabía que le estaban mintiendo. Cuando llegó a 200 libras se dio por perdido. De un momento a otro el motor se plantaría y se iría directamente al mar. Comida para peces. Cuando llegó a 150 libras recordó que eso equivalía, más o menos, a dos minutos de vuelo. "¡No me abandonen!" -los puteó, porque había silencio en la línea-. De repente el piloto del Hércules C-130 creyó verlo, pero era un compañero. Piano pasó de la euforia a la depresión en quince segundos.
No rezaba en esas instancias, sólo le venían relámpagos del recuerdo de su padre. El fantasma estaba dentro de aquella cabina, metido en sus auriculares. "Dame una mano, viejo", le pedía guturalmente, con las cuerdas vocales y con los ventrículos del corazón.
El liquidómetro marcó entonces cero, y de pronto Piano escuchó que lo habían divisado y vio por fin a "La Chancha". La vio cruzando el cielo, hacia la derecha y bien abajo. Le pidió al piloto que se pusiera en posición y se largó en picada sin forzar los motores, planeando hacia la canasta salvadora. Cuando la tuvo enfrente le dio máxima potencia con una lágrima de combustible en el tanque y al ponerse a tiro pulsó el freno de vuelo y metió la lanza. Todos atronaban de alegría en la radio y se abrazaban en tierra. Piano también gritaba, pero quería abastecerse rápido, retomar el control y regresar a San Julián por su propia cuenta. Pronto descubrieron que eso no era posible. Todo el combustible que entraba, pasaba al tanque y caía por el orificio. "Quedate enganchado", le dijo el piloto del Hércules. No tenían alternativa. Volaron así acoplados el resto del camino, perdiendo combustible y con el riesgo de una explosión o de no llegar a tiempo.
Fue otra carrera dramática hasta que vieron el golfo y luego la base. Entonces el A-4B se desprendió y chorreando líquido letal buscó la pista. Piano intentó bajar el tren de aterrizaje pero la rueda de nariz se resistía. Estaba todo el personal de la base de San Julián esperando, y él dando vueltas, dejando estelas de combustible de avión y tratando de lograr que esa maldita rueda bajara. Finalmente bajó, y el alférez aterrizó, se desató rápido, se quitó el casco, saltó al asfalto y se alejó corriendo del enorme lago de combustible que se formaba a los pies del A-4B.

Medalla al valor

Hubo fiesta hasta tarde y felicidad desenfrenada en San Julián. Como Piano se consideraba vivo de milagro se tomó muchas copas y tuvieron que acompañarlo hasta su habitación: se durmió con una sonrisa y se despertó muy tarde. Era el 14 de junio de 1982 y sus compañeros le informaron que la Argentina se había rendido.
Gracias a una licencia providencial, dos días después ya estaba en Buenos Aires. La ciudad permanecía hundida en la ira y en la depresión. Y también en la indiferencia. Cualquiera que se cruzaba con Piano se le acercaba con precaución y al rato le pedía que contara todo lo que había vivido. Pero Piano no tenía ganas de contar nada. Durante años soñó con aquellas piruetas mortales, aquellos vuelos rasantes, aquellas muertes: insomnio pertinaz y espectros atemorizantes que lo perseguían como Sea Harriers impiadosos.
Le dieron la Medalla al Valor en Combate, y se mantuvo dentro de la Fuerza Aérea haciendo una callada carrera con foja intachable y mucha capacitación profesional. Hace dos años fue enviado como agregado aeronáutico a Londres. Los ingleses lo recibieron como un gran guerrero. En la misma tradición de Wellington y de Napoleón, los ejércitos europeos aún practican el honor para sus antiguos y respetables enemigos.
Las aspas atravesadas del Sea King que había derribado Piano en Monte Kent están en el Museo de la Royal Navy, y el helicopterista que conducía aquel día está vivo pero retirado. Piano consiguió su teléfono y conversó afectuosamente con él. "Me alegra no haberlo matado", se dijo.
Los veteranos ingleses que lucharon en el Atlántico Sur tienen un enorme respeto por los aviadores argentinos. Y sienten nostalgias por aquellos tiempos: "Fue la última guerra convencional -dicen-. Unos frente a los otros por un territorio concreto. Hoy todo se hace a distancia, metidos en terrenos sin fronteras definidas y por causas borrosas, con terrorismos atomizados y combatientes religiosos eternos. Con esos enemigos al final no podemos juntarnos a tomar una cerveza".
Aquel alférez, convertido en comodoro, fue invitado una tarde a entregar un premio en la escuela de aviación de la RAF. Por la noche, los pilotos de guerra recién recibidos y sus señores oficiales cenaban en un salón majestuoso de mesas larguísimas. Piano ocupó un lugar privilegiado, y el director de la escuela pidió silencio y habló del piloto argentino. Se sabía su currículum bélico de memoria y en su discurso mostraba el orgullo de tener esa noche a un hombre que había luchado de verdad contra ellos.
El jueves pasado Guillermo Dellepiane asumió como director de la Escuela de Guerra Aérea en Buenos Aires. Ocupa un despacho en el Edificio Cóndor, donde murió su padre. Piano es ahora un cincuentón bajo y gordito. Se le cayó el pelo, es sumamente cordial y tiene un pensamiento moderno, y por supuesto en la calle nadie lo reconoce. Nadie sabe que forma parte de la hermandad del honor, y que es un héroe imborrable de una guerra maldita.
© LA NACION

viernes, 2 de junio de 2017

Duermen

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Abandonadas a la noctívora inmovilidad

dos figuras enredadas pierden contorno

refugiadas en el reino de los sueños.




Ceguera total de los párpados acá.

Varios mundos superpuestos del otro lado.




Para que el púrpura de los músculos

yazga ahora rosado

los guerreros dejaron

en el suelo

sus máscaras de bronce.




Y música. Ecos de la fanfarria

palpitan en el pecho todavía

relumbrando recuerdos

desde el reposo.



Alguna vez aquellos nombres

pasarán de lápidas a canciones de gestas.

Por ahora son jóvenes

descansando sus sueños

en su empeño por lograrlos



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martes, 23 de mayo de 2017

P h i F r a c c i ó n

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6,14;

no buscado 

por los costados de la tarde 

entra tu olor y se queda a esperar el tren: 




al ver que sus ojos 

se estiran al horizonte 

la lástima me hace romper el silencio:

le digo que ya no pasa, 

que lo único que ha quedado de esa nave 

son estas vías oxidadas 

durmiendo debajo de los adoquines, 

que confunde su silbato 

con alguien que va 

con las manos en los bolsillos 

masticando alguna melodía añosa; 




me mira de costado, 

se da vuelta 

se acomoda el pelo 

y redobla la esencia 

que acaricia mi nariz; 

caminar sin perderle de vista




hasta que se apoya en la baranda 

y se pierde de ojos hasta la otra costa 

demorándose más de la cuenta 

en el trayecto reciario, 

más que nunca a esa hora



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sábado, 20 de mayo de 2017

P h i L a m e n t o s


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: 6,142; 

y cuando se hace de noche 

el agua se enlecha culpa de la luna; 



: 6,143;
caravana de ranas y de remos, el remolcador enfrente, ahí en el río, como alucinación 

                                                ¿qué llevará? 

todas esas cajas llenas de números mientras acá los números se multiplican en palabras; alguien prepara el mate; alguien se ríe, un chico allá arriba entre el avión y el patito sirirí 

                                (hay que pintarlo de nuevo, pobre); 

canberra y ave, ambos vuelan, aunque por motivos encontrados y con distinta suerte; volaba y vuela, cada vez menos, cada vez es más raro verlos surcar la noche de leche



: 6,144;

luces de susurro, no alcanzan a despegar los contornos de las cosas de lo oscuro

o la negrura no termina de tragarse las cosas circundantes

o la luz las salva a último momento, la existencia de las cosas depende 

de esa fragua de luz breve, sin color apenas

cada palabra la apaga un poco, cada una va desborrando las cosas

definitivamente; tu nombre flota a la deriva frente a la isla

como endeble balsa soplada a la deriva por un dios pordiosero descalzo y antojadizo

flota entre los camalotes cansados de viajar

a ellos les parece un ave, para ellos tu nombre es el extranjero

no su torcido verdor sin gracia

a punto de invisible en el eterno trayecto del agua

su rumor se apaga

ahoga a las palabras que lo esperan...




miércoles, 17 de mayo de 2017

El reflejo de la siesta

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cosas del agua:

te da por memorizar su gusto 

detrás de los dientes




averiguar el futuro

en el gusto de un beso 

caminar enterrado hasta las rodillas 

en tres capas de verdes 




verdad respirada 

contra el paladar 

por hilos de tercer ojo;

torcer la ceguera 

para que oído & olfato 

sepan la juntura exacta 

de cada pieza


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lunes, 15 de mayo de 2017

Reflejos del Color



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lejos 

detrás de nada 

todo se mece 

cuece 

suma 

sube 

emerge 

teje leves 

ocho coma nueve




los resultados de las cuentas son raros 

m á s e n d í a s a s í

cuando lo dulce del agua 

se trepa desde el empeine 

hasta el verde recién cebado

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sábado, 13 de mayo de 2017

A punto de prisma

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Ahora duermen. El amanecer aún
no se insinúa. Dos espectros sin 
contorno a la deriva. Una sola 
sombra dentro de la húmeda 
cavidad de una boca 
recién llovida.


Perfume denso de pieles mezcladas.
Ninguna palabra cabe en el espacio
en medio. Ninguna palabra baja
a comer de ninguna mano. Espejo mudo.


Bajos párpados congelan el tiempo.
En las manos siguen frescas las huellas
de recientes manadas de caricias.
Estampida a ciegas en lo oscuro.


Los brazos se estiran como un horizonte.
Las piernas se aferran a los contornos
y el regusto que las respiraciones 
retienen desde el entresueño, 
hacen parecer imposible 
cómo ahora duermen.


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domingo, 7 de mayo de 2017

A contra sombra

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siempre que las sombras

amagan expandir su reino

vuelvo a la generosa

curva de tu sonrisa



los ángulos de luz

se invierten hacia los rojos,

húmedos naranjas

con oficios de horizonte

donde me bautizo nuevamente

en lagos de tu nombre



contra algún amague gris de la jornada

propongo el refugio de tu abrazo,

memoria llena de pájaros

de primavera

entre ramas colmadas de fruta

a punto de estación



he dormido al borde de tus volcanes,

pero más me he desvelado

a un centímetro de tu mirada,

explosión interminable

de ternura

de mujer florecida




abeja reina,

todavía bailo al ritmo

de la repetición de tus aguijones

perdidos en mis profundidades,

me sigo tostando al sol del trópico

para que tu color me colme

tanto como tu aroma me enrama




no hay día que la sombra

no amague su batalla,

tampoco uno en que sus crías

no te reparen en mis paredes

en medio de coreografías marinas

azarosas y desbocadas




suelo volver a los huecos de tus sábanas

buscando huellas de palomas y mirlos,

picapalos y águilas, criaturas vueltas

de sus cenizas para apuntar los altos destinos

de tu piel en primavera

por túneles de obsidiana y de cobalto




nunca rehuyo de las sombras

porque allí aprendí a memorizarte

entre la bruma de la oscuridad

más desnuda de una noche de lluvia,

ciego cedido a la vorágine

de tu piel manada,

de tu piel vocablo,

de tu piel madrugada curva

con lagunas de miel y frutas ásperas,

para colmar panales tibios

y dejar semillas en los rincones húmedos de tus labios,

para aprender la lengua nativa

de interminables mariposas carnívoras



no hay día que tu perfume

no vuelva a ocupar el espacio de mi pecho

y te encuentre dormida a mi lado,

llenando mis manos



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jueves, 4 de mayo de 2017

Sentencia



El ángel de las cuatro firma la sentencia. Cada letra es una piedra que huele a tumba a fuerza de próximas lágrimas, por el manar de su tinta. Lo que antes había sido silencio, ahora traduce al azogue en filos llamadores de sangre. Ya no devolvía formas, cansado del  mentiroso oficio de duplicar, ahora se venga mostrando el interior de quien se asome. 



El viento entra por la ventana oblicua, huele a lo que supura su herida, con ráfagas de hormonas y sudor mezclados entre el aroma de lirios & violetas. Tres haces de luz cruzan toda la pieza y perforan el muro posterior con pelusas suspendidas y le estampa su leche reñida con la tarde naranja.



Casi al final los acusados entran con las facciones borradas y se ubican en fila en el centro del recinto. Ya no hay nada que hablar o discutir, el sesgo, el destino de todo ha estado claro desde el principio. Dentro de una hora, sus restos empezarán a ser un olvido de la historia.

sábado, 29 de abril de 2017

J , tr 2 : 4 9


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qué clase de animal 

es este de poema, 

que huele a leche 

y borra la luna de un solo trago, 

se echa y me mira de tal manera 

que las palabras sobran



todo queda en vilo 

cuando se lame las manos 

                          las mieles 

                          la melena, 

el tiempo petrifica 

su goteo fatuo 

para que ojos y relojes sean extraviados 

en oscuros rincones del cuarto

donde las sombras imprimen 

a fuego 

su danza de azafrán




y en cuál 

de todas sus versiones, 

autómata en vigilia late ileso, 

tapiza la cama 

con su pelaje de pez 

                           papiro 

                           púa 

                           pira 

                           polvo en estado 

de lengua indómita 

y a la hora de dormir 

se extirpa los párpados 

para volver a la carga 

y ver fluir manantiales  

del agujero en el costado



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martes, 25 de abril de 2017

J , tr 2:41


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oír con sigilo

en la penumbra

cada movimiento

del animal de poema

por lo hondo de su laberinto



esperar a que baje la guardia

y finalmente descanse

de la jornada



recordar los brillos a oleadas

de su pelaje

memorizar el diseño

de sus plumas




tarde a la noche

después de despojarse del lastre 

ancla sus huesos 

en el fulgor terroso de la piel

la adorna con cenizas de polvos recientes

pigmentos que no pagan su fragancia 

sin la cuña del deseo




se acomoda en el espacio

de reposo

en cinco o seis gestos

hasta que la quietud

reina a pleno

entonces vuelve a la memoria

en sombras de la pared

la cadencia de la danza

el esfuerzo urgente

la mirada incrustada de esquirlas de estrellas

y el final herido de olor a vida

cuyas monedas resuenan todavía

al costado del vacío

de un espejo mudo



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viernes, 21 de abril de 2017

J, tr 2:47



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entre las ríspidas ramas de

esta tarde surge la añosa 

melodía del bicho 

h u é r f a n o

de poema




seculares rumores

reflejos lejanos

antiguos ecos de golpes olvidados 

vuelven a nutrirse en los tendones calientes 

de este indómito animal de poema




¿cuáles huellas 

refulgen en las yemas de mis dedos 

con lo espejo de su flujo más fértil 

a esta hora verde y naranja?




sus rugidos dentro del murmullo

son gritos dibujando

pájaros en la espalda

d e l    s i l e n c i o

en plena siesta


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jueves, 20 de abril de 2017

yo ver llover



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Dibujo de Sebastián Cabrol






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la tormenta arrecia otra vez


sobre la antigua alameda




todavía no distingo


si sus manos acarician las ramas


o es su fuerza que le revuelve las tripas




¿es la misma tormenta


o un antepasado guerrero


el que topa su cuerpo sobre


esos astros a punto de quebrarse?




llegó con la primera luz


y después de oscurecer aún cernía


la furia de sus músculos


en la carne desnuda


hasta más allá del horizonte




silencio:


ese instante de calma


paz


sueño


a punto de hacer estallar


el precioso vidrio del paisaje




tanto nos ha mojado


la repetición de las tormentas


que olvidamos el nombre de la luz,


nos deja amargas líneas en la cara


y a nuestros recuerdos


más nítidos


le va desdibujando los contornos.



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miércoles, 12 de abril de 2017

J, tr 2:45



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animal de poema

pájaro sin alas


( a z a r a l a r a z a )



su sombra sin contornos

nos eriza al percibirla

el no sonido de su

vuelo despabila



acecha huecos falsos 

por donde respira la memoria

los colma de color

de formas vívidas



se defiende del olvido

con canciones que lleva 

en sus garras el animal de fuego, 

sones salidos de su aliento 

nos rescatan



inmune a sortilegios de negrura, 

su dilación de llamas 

resuena en el pecho:

al verlo de cerca 

insuflarnos su

herencia colorada



temblarás tres veces

cada vez que lo veas

y mi nombre mojará 

tus pies desnudos


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sábado, 8 de abril de 2017

J, tr 2:43




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de qué raza es este 

animal huérfano del poema, 

sin marcas ni fecha de parto ni destino posible; 




yendo por dar, 

por latir tremendo, 

por errar tres veces cada cúspide 

de cima en cima

a cada salto




sin voz agita

como el sol brilla,

resuena igual fulgor de cópula 

y deambula márgenes 

ajenos al letargo 

a la hora de dormir




animal ciego

sin origen ni especie

temblor por latido:

tu calor nos enciende el alma


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lunes, 3 de abril de 2017

J, tr 2:39

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in(di)visible animal de vuelo de poema, 

hace nido en los huecos 

de la espera; 



árido su plumaje pardo 

revuelve las fuentes subterráneas

de los recuerdos



animal salvaje

plumaje de texto

tejido con arcanas formas 

en colores que no viste




de su mirada chispas puras

del fuego interminable

profana la sangre de cuerpos aéreos 

y dice ahora, 



pero qué dice cuando dice nunca? 

no habla pero 

sus ojos 

sus ojos 

sus ojos 



sus ojos

en vuelo de piloto automático 

escarchan al errante

y borran para siempre

sus palabras

a plena luz de marzo



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lunes, 27 de marzo de 2017

J, tr 2:37



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                                   sueño recurrente: interminablemente caigo hacia lo oscuro; voy a caer en alguno de los huecos del animal de poema, sus heridas retumban al vacío, su sangre refulge más que las estrellas; filosas esquirlas improvisan cicatrices en el limbo; 

                                        para recordar su gusto huelo el aire de la madrugada a punto de tormenta, la humedad borra el contorno de las formas; un olmo pierde su copa en las entrañas del cielo, para no olvidar su tacto dejo que la sangre vaya donde deba: a seguir la ceniza de sus rastros

                                          vagando por la cima trueco sangre por migajas y un picor en la lengua delata la cercanía del desastre; una certeza en los huesos la denuncia 

                                                    voy a seguir descalzo mientras haya piel posible, voy a esperar impávido que el rayo me enceguezca y cuando no me quede más que olfato voy a iterar el sendero de los pájaros


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martes, 21 de marzo de 2017

J, tr 2:35

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                                               carrera sigilosa de los dos perdidos en una pieza de hotel, en la ciudad de uno de los doce; renguera crónica por tierra colorada arrastrando sus doce patas hacia la bruma, hacia la capital placer, mientras escamas de acero pulen vidrios de ceguera,

                                                                  ninguna red la llevaría a un museo, ninguna palabra alcanza a pagarla en colecciones privadas; sus huellas dibujan mandalas desvanecidos al amanecer, cada exhalación la desvanece y cada inspiración la materializa nuevamente (jamás la alcanzan mis manos)

                         paso a paso (son doce por cada uno de los dos) desandamos los senderos olvidados de la acacia, con agujas hechizas de acupuntura oscurantista alcanzo a fijarla a paredes vacías en el reverso del cráneo: allí no peligra su libertad


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domingo, 19 de marzo de 2017

T r a n s f i g u r a c i ó n



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Últimos ecos de música arden

en la piel todavía. Piernas largas

su placer, empuja trenes de carga

al destino final, de noche. Tarde



para parar al sismo. Viaje. Par de

almas viejas pagando sus amargas

deudas. Mirarse y brillar, quemar gas

los eriza, retiemblan. Es un mar de



colores vivos en total oscuro

que tiembla el aire casi amanecido

al ritmo de su cuerpo enloquecido.



En cópula animal sus rasgos duros

se vuelven cera suave y el conjuro

los pasma, los devuelve renacidos.


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sábado, 18 de marzo de 2017

J, tr 2:33



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ciño mis manos a tu cintura

para atrapar temblores 

de pájaro 

          en pleno espasmo




insólito 

sabor a mar 

    nos amarilla 

mientras una luz cenital 

contrasta las sombras

      de tus pupilas 




la luna 

trepa intrépida 

           arde la pieza 

estampa un rectángulo en 

las arenas del suelo

      donde la desnudez

               blanquea





iridiscencia 

  estanque

cada párpado fugado

   al rincón ceniza




uña azul 

     sueño

donde me ciño 

      a tu cintura 

      para atrapar temblores 

                 de pájaro 

          en pleno espasmo




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